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martes, 29 de noviembre de 2011

LEY NATURAL


La naturaleza es una gran maestra. Nos enseña a amarla y nos enseña a temerla. Sus leyes, por más que lo intentemos no se pueden cambiar. Ella funciona porque tiene un equilibrio. Este equilibrio se basa en compensaciones, lo que quita de un lado, lo lleva a otro. Es el ciclo natural de la vida. Desde los pequeños microorganismos hasta las especies más evolucionadas de los seres vivos, incluido el hombre. Este equilibrio encuentra su lado cruel en lo que se refiere a la cadena alimentaria. En esta cadena, hay especies que sobreviven a base de otras, y esto es lo que mantiene el equilibrio de las especies en el mundo natural.

Naturalmente, en este equilibrio natural, también entraría el hombre. Desde luego, una valoración a primera vista nos colocaría como "los reyes" de la evolución, por la capacidad del hombre de sortear todos los condicionantes para la supervivencia que la naturaleza le impuso en su día. Ahora bien, en este caso, también seríamos muy injustos, ya que todos los hombres no cumplen el mismo papel en esta cadena evolutiva. Por eso, el análisis del papel del hombre, debería hacerse del hombre como individuo y su papel en la cadena evolutiva.

Para empezar, el hombre más cercano a la naturaleza, por definición, es menos nocivo para ella. No cambiarán el ecosistema ni el equilibrio natural donde se desenvuelven una tribu perdida de África ni una del Amazonas. Por contra, un señor desde un despacho en Hong Kong o Manhattan puede firmar un papel para construir un oleoducto en la Antártida o una presa gigantesca en el Amazonas, afectando de un plumazo a todas las especies e incluso a los propios hombres que allí habitan.

¿Y porqué cuento estas perogrulladas?. Pues muy sencillo, porque para entender la crisis actual que tanto nos atemoriza y nos quita el sueño primero hay que tener conciencia de qué somos realmente en la cadena alimenticia. Que la mayoría de nosotros tengamos casa, coche, ropa y vivamos en países "avanzados" o industrializados no significa que no podamos ser pasto de los depredadores. Nuestros depredadores naturales hoy en día sí que son conscientes de su poder. Nosotros no, pero ellos sí.

A la mayoría de las personas, se nos enseña desde pequeños una serie de valores éticos, ya sea en casa o en la escuela para vivir en sociedad, con mayor o menor éxito. Se trata de que lleguemos a la edad adulta, con ciertos criterios, pero que seamos capaces de convivir con otros de nuestra especie sin "devorarnos", independientemente del carácter propio de cada uno que luego nos hará inclinarnos hacia unas decisiones u otras. Por supuesto, que a lo largo de nuestra vida, nuestro propio entorno, la publicidad, la sociedad de consumo, etc., poco a poco nos enseña como comportarnos y desenvolvernos en nuestra particular selva sin ser anti-humanos y siendo bien aceptados por los otros seres. Es decir, tenemos conciencia de individuos en cuanto somos bien aceptados por la sociedad. En eso, y algún capricho o no tan capricho de tipo consumista basamos nuestro comportamiento.

Ahora bien, hay otros hombres. Estos SÍ tienen conciencia de clase. Sí conocen su verdadero poder. De entrada, pocos de estos hombres habrán estado en su vida en una escuela o universidad pública, como mucho, habrán pasado de refilón por alguna institución sanitaria pública. Ellos viven en otro mundo, no comparten tu sentido del equilibrio. Además, ellos son tus depredadores. ¿Donde está su fuerza?. En que ellos lo saben. Saben que son depredadores y lo saben explotar. Para estos hombres los demás no significamos nada. Simplemente, formamos parte de esa cadena alimenticia como consumidores de sus productos, oyentes impasibles de sus discursos, o simples instrumentos para sus caprichos. Y nos llevan mucha ventaja. Porque ellos están allí arriba y conocen su poder.

Nosotros, ante una crisis todavía nos preguntamos qué podemos hacer para salvarnos. Ellos se ríen, tienen el poder. Los partidos políticos también son suyos, saben decirnos lo que queremos oír. Saben que no queremos sacar los pies fuera de nuestra pequeña parcela. Saben de nuestros miedos. Ellos los provocan. Saben que somos incapaces de patalear, ellos nos adiestraron para que fuésemos así. Dejaron que construyéramos colegios donde nos enseñaran obediencia mientras a ellos les enseñaban a mandar. Y este es nuestro equilibrio natural, y caminamos mirando hacia ambos lados incapaces de salirnos de la línea para no ser comidos, aunque la línea nos lleve directamente a sus fauces. Elegimos ser corderitos. Ellos decidieron ser lobos.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

NO TE FIES DE LOS AMIGOS

Dos amigos quitándose mútuamente la cartera con disimulo
Lo que le pasó a mi amigo, le ha pasado a mucha gente. A mi amigo, un día que salió cansado del trabajo, le apeteció tomarse una cerveza. Entró en un bar con aspecto de caro y de ser de gente muy estirada, pero pensó: “Por una vez que entre y me tome una cerveza no pasa nada.“. La cerveza se la sirvieron en una copa helada y estaba bien fría y sabrosa, como a él le gustaba. No se oía el griterío y el bullicio de los bares que él normalmente frecuentaba y se sintió muy a gusto. La cerveza se la había puesto una camarera joven y agradable y todo el conjunto hacía que se sintiera de verdad relajado.
Cuando ya había acabado de inspeccionar el local, vio que un grupo de gente que parecían habituales de allí le miraban sonrientes, hasta que uno de ellos le ofreció una silla. Pensando que un poco de compañía nunca viene mal para disfrutar una cerveza se apresuró sonriente a responder al ofrecimiento.

Los habituales le recibieron con gestos amables y se presentaron. Todos solían frecuentar ese bar, porque se sentían a gusto en él y compartían sus problemas, esto,de alguna forma les reforzaba y hacía sentirse bien. Los cuatro habituales, (olvidaba deciros sus nombres) eran Franco, Germán, Luso y Pepe. Franco y Germán se conocían ya de muchos años, eran amigos casi de la infancia. Luso y Pepe llevaban menos tiempo, pero se sentían ya plenamente integrados en el grupo, según le dijeron. Los dos primeros lucían trajes impecables, se notaba que les iba muy bien por las apariencias. Luso vestía algo más sencillo, pero Pepe, como detalle coqueto lucía un reloj de pulsera extrañamente grande. “para tapar la marca del gallato”, comentó éste ante su curiosa mirada.
En seguida hicieron migas, entre varias rondas de cerveza, de forma que al despedirse, los cinco amigos, quedaron en repetir estos encuentros todas las semanas.

Greco, nuestro amigo, si bien pensó que era un poco caro ese bar, pensó que le compensaba por lo agradable de sus nuevos amigos y la buena cerveza que servían allí, nada que ver con el bar de barrio de donde el venía, donde incluso, en ocasiones, le habían servido la cerveza en un vaso sucio.
Nuestro amigo Greco, además, tenía unos problemas con el colesterol y alguna ligera cardiopatía, con lo que parte de su jornal, tenía que dedicarlo a tratarse con algunos medicamentos bastante caros, pero pensó que aún podía permitirse esos pequeños lujos.
Las reuniones semanales, fueron repitiéndose, y los cinco amigos se congratulaban de los éxitos de sus respectivos negocios, ahora reforzados por los contactos que todos tenían y que se iban cediendo según las necesidades de los demás.

Pero no hay felicidad eterna, y un amigo común, que era el que normalmente les facilitaba el dinero para sus negocios, tuvo una crisis y les dijo que durante un tiempo no les podría dar liquidez para éstos con la misma fluidez. A todos les afectó, todos se volcaron en tratar de solucionarlo, reduciendo cosas que consideraban supérfluas , incluso haciendo una colecta, para que su amigo el de la liquidez no llegara a ahogarse.
A cada uno le afectó en mayor o menor medida, pero claro, los últimos en entrar lo notaron más. Pepe empeñó su reloj de oro, y ahora se le veía bien clara la marca del gallato, Luso dejó de comprarse trajes y a veces se le notaba que se sentía incómodo a la hora de pagar, pero a ninguno le afecto tanto como a Greco, que comunicó a los otros que realmente se sentía ahogado. “entre las medicinas y que ahora gano menos, creo que tendré que dejarme de tomar cervezas con vosotros, dijo”. Franco y Germano, le miraron fijamente, para darle confianza y le dijeron : “de eso nada¡¡, somos un equipo¡¡, nosotros te pagamos las cervezas y ya nos devolverás cuando puedas el dinero”…Pero mi medicación…”tu medicación seguro que por que la reduzcas un poco no pasa nada se te ve hecho un chaval¡¡no seas angustias¡¡¡”

Total que así hizo Greco, reduzco un poco su medicación y no se encontraba del todo mal. Alguna ligera taquicardia cuando andaba apresurado, pero sin problemas más visibles.
De esta forma transcurrió un año entero, pero la crisis no pasó. De hecho, parecía que esta se acentuaba. Ninguno de los amigos entendía que habiéndole dejado dinero a su amigo para que éste no se hundiera, aquél no hiciese fluir el crédito y además se mostrase apático a cualquier esfuerzo en esa dirección. Todos redujeron gastos, y tuvieron que deshacerse de cosas que realmente no estaban convencidos de necesitar. Entretanto Greco ya les debía mucho y se vio obligado a pedirles más, ya que no conseguía salir a flote. Sus amigos le dijeron que sí, que le volvían a dejar el dinero, pero esta vez con algo más de brusquedad. Germano incluso le sugirió que se gastaba demasiado en medicamentos y que por eso se iba a arruinar, que debía de pensar en medicarse menos. Mientras le decían eso, Pepe y Luso se fueron al lavabo para hacer ver que la cosa no iba con ellos. Greco, que en ese momento estaba influenciable, hizo caso a sus amigos y se dejó la medicación. Allí fue donde empezaron de verdad sus problemas. A la semana de no medicarse, un amago de infarto agravado por un tapón en las arterias debido al colesterol, le hizo ir al hospital de urgencias. Casi se queda en el sitio, tuvo suerte de no morirse. Mientras se hallaba ingresado, pensó que realmente hacía mal en seguir gastándose el dinero en cervezas con sus amigos en lugar de medicarse.

Salió del hospital y comunicó esto a los que creía sus amigos. La respuesta de éstos fue terrible. “Desagradecido, le dijeron¡¡¡ Con todos nuestros desvelos y ahora nos dejas tirados””Te parecerá bonito, hacernos esto a nosotros¡¡” Incluso Pepe y Luso se atrevieron a increparle “en menudo follón nos has metido, le decían”.
Greco en ese momento pensó. “Antes no tenía amigos pero a mis enemigos les veía venir, ahora he visto lo frágil que es la amistad cuando las cosas te van mal”